Inicio / Mundo

Análisis | Afganistán, rostros y voces ocultas: la legitimación de la violencia contra las mujeres

Estas son las restricciones que enfrentan las mujeres y niñas en un país que ha institucionalizado la violencia de género.

Análisis | Afganistán, rostros y voces ocultas: la legitimación de la violencia contra las mujeres
Mujer afgana. - Crédito: Canva.

En los últimos días se conoció que una reforma penal en Afganistán ha legitimado la violencia contra las mujeres. De acuerdo con Rawadari, una organización que vela por los derechos humanos en ese país, el artículo 32 del documento “establece que solo si el esposo golpea a la mujer con un palo y este acto le causa lesiones graves, como una herida o contusión, y la mujer puede demostrarlo ante un juez, el esposo será condenado a 15 días de prisión.”

Es decir, solo las lesiones graves y demostrables son prohibidas por el nuevo código, y contemplan una condena de apenas dos semanas. Además, otros tipos de “violencia física, psicológica y sexual contra la mujer no se han prohibido explícitamente y se han descartado en este documento”, advierte la ONG.

Los derechos de las mujeres en Afganistán se han reducido significativamente desde el regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021.

Mónica Godoy, docente e investigadora sobre los derechos de niñas y mujeres, asegura que la reforma al código penal está “impulsada por un gobierno teocrático fundamentalista islámico que ha deshumanizado a las mujeres”. La protección estatal frente a la violencia contra ellas “es contraria a todos los principios del derecho internacional”, afirma.

El año pasado, ONU Mujeres alertó que las afganas sufren la crisis de derechos de mujeres más grave del mundo. De hecho, la entidad afirmó que ese país “está más cerca que nunca de consolidar una sociedad que borra por completo a las mujeres de la vida pública”.

Derechos y colonialismo

Los derechos de las mujeres afganas han atravesado transformaciones a lo largo del tiempo. De hecho, en 1919 obtuvieron el derecho al voto, un año antes que en Estados Unidos y en muchas otras partes del mundo. Para Godoy, el retroceso actual es “un cruel recordatorio de que los derechos de niñas y mujeres no son plenamente reconocidos y que, en contextos de inestabilidad o crisis, terminan convirtiéndose en moneda de cambio dentro de los distintos sistemas políticos”.

“Afganistán y su actual gobierno no pueden entenderse al margen del colonialismo de la entonces URSS y de Estados Unidos, ni de los efectos negativos de su intervencionismo. Ese escenario dio lugar al fortalecimiento de grupos islámicos reaccionarios y de supremacía masculina, cuyas principales víctimas han sido las niñas y las mujeres”, explica Godoy.

Afganistán y su actual gobierno no pueden entenderse al margen del colonialismo de la entonces URSS y de Estados Unidos.

Mónica Godoy, investigadora en derechos de mujeres y niñas.

Apartheid de género

Guillermo Ospina, profesor universitario experto en Medio Oriente, explicó que en el país existe un ‘apartheid de género’. Es decir, un sistema de segregación que incluso ha ‘institucionalizado la violencia contra las mujeres’.

“Esto ha llevado a una afectación en muchos campos, la somete (a la mujer) particularmente a la violencia, que es algo muy preocupante, y donde siempre se ha visto a la mujer como un objeto que puede llegar a ser castigado dentro de esta interpretación particular de la sharia y del derecho de la ley islámica”, afirma Ospina.

imagen dada

Mujer sosteniendo la bandera de Afganistán. Canva.

¿Qué es la sharia?

El catedrático afirma que la sharia “es lo que conocemos como la ley islámica”, pero no es un código escrito unificado, sino un conjunto de principios jurídicos, éticos y normas destinadas a guiar la vida de las personas. La palabra sharia significa "camino a seguir".

Estas normas se derivan de diversas fuentes del mundo islámico, incluyendo el Corán, los dichos del profeta, interpretaciones y consensos jurídicos. Entonces puede variar de un lugar a otro y depende de la interpretación que le den las autoridades.

Ospina afirma que los talibanes tienen una interpretación “más literal del islam, como debe ser en los tiempos del profeta”. Por ende, este movimiento político y religioso tiene una lectura más “radical”.

¿Cuáles son las restricciones que enfrentan las mujeres?

Las restricciones sociales y legales son cada vez mayores para las mujeres y niñas, y afectan todos los ámbitos de su vida. Estas son algunas de las limitaciones que enfrentan:

1. Acceso a la educación y vida laboral

Las niñas afganas tienen prohibido acceder a la educación a partir de los 12 años. Ospina explica que este fue uno de los primeros efectos del regreso de los talibanes: “Inicialmente fue la división de las escuelas (por sexos), luego el cierre total de las escuelas secundarias”. Como resultado, 2,2 millones de adolescentes han quedado sin acceso a este nivel educativo, lo que limita sus oportunidades futuras y afecta el desarrollo del país.

Además, las mujeres son excluidas del mercado laboral, lo que las hace dependientes de una figura masculina. “Esto tiene unos efectos en la seguridad alimentaria frente a la condición de pobreza, haciéndolas mucho más vulnerables”, dice el docente. Las afganas no pueden viajar sin la compañía de un pariente masculino, como padre, esposo o hermano.

También están vetadas de la vida política; ni una sola mujer ocupa un puesto en el gabinete de facto, ni en los cargos locales. Estos factores han disparado el matrimonio infantil y la violencia.

2. Salud

Según Naciones Unidas, existe una crisis sanitaria para las mujeres, resultado de las prohibiciones para estudiar medicina y las restricciones de recibir atención médica de doctores varones. Como resultado, la mortalidad materna está aumentando.

Bajo el gobierno talibán, las afganas también han sido excluidas de la esfera deportiva, informa la ONG Amnistía Internacional. No pueden practicar deportes y no tienen acceso a centros de acondicionamiento físico, perjudicando no solo su salud y bienestar, sino también su capacidad para socializar y desarrollarse.

3. Libertades

Las mujeres afganas no tienen la libertad de elegir con quién casarse, cuántos hijos quieren tener y cuándo mantener relaciones. Amnistía Internacional reportó que “el número de matrimonios precoces y forzados en el país ha aumentado enormemente” debido a la crisis humanitaria y a la falta de perspectivas educativas y profesionales.

La libertad de expresión también se les ha sido negada. Mujeres y niñas han participado en protestas pacíficas en todo el país, pero estos espacios se han vuelto peligrosos; muchas han recibido golpizas y descargas eléctricas. A pesar de esto, continúan haciendo frente a los riesgos en la exigencia de sus derechos.

“Escenario extremo de terrorismo sexista”

Godoy sostiene que el régimen ha consolidado un sistema de subordinación estructural contra niñas y mujeres. “La total subordinación y opresión de las niñas y mujeres a los varones es una forma de explotación sexual, un tipo de esclavismo que intenta reducir a las mujeres a meros animales de reproducción y reducirlas exclusivamente a los oficios domésticos”, afirma.

Un tipo de esclavismo que intenta reducir a las mujeres a meros animales de reproducción y reducirlas exclusivamente a los oficios domésticos.

Mónica Godoy, investigadora en derechos de mujeres y niñas.

Según la investigadora, esa lógica explica las prohibiciones impuestas por los talibanes. “Por esa razón les impiden a las niñas educarse y hablar, y a las mujeres tomar decisiones y participar en el mundo social. Lo que hacen los talibanes es un crimen de lesa humanidad”, señala.

A su juicio, el efecto de estas medidas es la instalación de un clima permanente de miedo. A las mujeres se les impide buscar ayuda médica o jurídica cuando son víctimas de maltrato y, además, tienen restringidas las posibilidades de organización y apoyo mutuo. Para Godoy, “Afganistán ahora es en un escenario extremo de terrorismo sexista de Estado”.

¿Puede la comunidad internacional hacer algo por las mujeres?

Ospina explica que existen esfuerzos internacionales para castigar y presionar al régimen talibán. “Como se ha hablado de un apartheid de género, se ha buscado que esto se considere como un crimen internacional y, a partir de eso, establecer una serie de sanciones contra el régimen”, afirma el docente.

En esa línea, la resolución 2816 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, establece una serie de sanciones sobre los talibanes: congelamientos de activos, prohibiciones de viajes y unos límites a las empresas o entidades asociadas con el régimen que “constituyan una amenaza para la paz, la estabilidad y la seguridad de Afganistán”, según el documento.

imagen dada

Imagen panorámica de Kabul, capital de Afganistán. Canva.

Monitoreo internacional y acciones judiciales

Ospina agrega que, además de las sanciones, existe un componente de monitoreo internacional. En particular, menciona la misión de asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán, cuyo mandato incluye el seguimiento y la documentación de las violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, aclara que este tipo de mecanismos tiene un alcance limitado: “hacen mucho seguimiento, pero no tienen un poder coercitivo como el que sí puede ejercer el Consejo de Seguridad a través de sanciones”.

El docente también señala que las instancias judiciales internacionales han empezado a intervenir. Tanto la Corte Penal Internacional como la Corte Internacional de Justicia se han pronunciado frente a la persecución de género atribuida al régimen. Según explica, el año pasado se emitieron órdenes de arresto contra miembros del liderazgo talibán por estos abusos.

Además, países como Alemania, Países Bajos y Canadá iniciaron un proceso ante la Corte Internacional de Justicia basado en la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, como una vía para intentar aumentar la presión jurídica.

A esto se suma el mantenimiento de sanciones por parte de varios países occidentales, entre ellos Estados Unidos y miembros de la Unión Europea, que incluyen congelamiento de activos, embargo de armas y prohibiciones de viaje. Estas medidas, afirma Ospina, han contribuido a mantener al régimen en un relativo aislamiento internacional y a frenar cualquier intento de normalización diplomática.

A pesar de estas acciones, el experto advierte que no se han producido cambios sustanciales: ‘Este tipo de medidas no llegan a unas acciones concretas que permitan la transformación del régimen, que mejore la situación de las mujeres y creo que es tal vez lo más preocupante’, concluye el académico.

TEMAS RELACIONADOS
Afganistán|Mujeres|Violencia contra Mujeres
Ver otras etiquetas
Cargando...

Copyright © – Minuto60 – 2025

metricool pixel