Ser fan y sentirse parte: cómo la cultura pop moldea nuestra identidad
Ser fan puede ir más allá de la admiración: podría influir en la identidad, la pertenencia y el bienestar en la cultura actual.

Por años, el término fan fue utilizado de manera ligera, incluso peyorativa. Se asociaba con la obsesión, el exceso, la devoción desmedida.
Sin embargo, en la era digital y las redes sociales, atravesadas por comunidades virtuales y consumos culturales globalizados, ser fan dejó de ser una simple preferencia para convertirse en una forma de identidad cultural. Hoy, declararse fan no es solo decir "me gusta", sino afirmar "esto me representa".
(Le puede interesar: ¿Kurt Cobain fue asesinado? Esto revela investigación sobre el fallecimiento del cantante)
Desde el fandom del K-pop como fenómeno global hasta las comunidades que orbitan alrededor del universo de Star Wars, pasando por quienes se reconocen como parte de la 'Swiftie Nation' en torno a Taylor Swift o los seguidores del fútbol que viven cada partido como una ceremonia colectiva, el fenómeno fan como construcción de identidad es un territorio fértil para entender cómo las personas construyen identidad, pertenencia y sentido.
Para profundizar en este fenómeno Minuto60 tuvo la oportunidad de conversar con la socióloga, Laura Méndez, investigadora en cultura contemporánea, y el psicoterapeuta, Andrés Salvatierra, especialista en salud mental e identidad cultural.
El fan como sujeto cultural
Laura Méndez no duda en afirmar que el fandom como identidad cultural contemporánea es una forma plenamente vigente.
Ser fan implica pertenecer a una comunidad simbólica. No es solo consumir un producto cultural; es adoptar códigos, lenguajes, rituales y valores compartidos. En términos sociológicos, hablamos de una identidad colectiva mediada por la cultura de masas.
Laura Méndez, socióloga e investigadora en cultura contemporánea
Según la especialista, las identidades culturales tradicionales nación, religión, clase social, ya no son las únicas estructuras que ordenan el sentido de pertenencia. En la modernidad tardía, las personas construyen identidades más fluidas, electivas y performativas. Es decir, se eligen.
El fandom ofrece precisamente eso: la posibilidad de elegir un universo narrativo, musical o deportivo que funcione como referencia simbólica.
Cuando alguien dice “soy fan de BTS” o “soy parte de la comunidad de League of Legends”, no está describiendo solo un gusto. Está activando una identidad. Está diciendo: comparto estos valores, estas emociones, este imaginario, explica Méndez.
{{RELATED_1}}
Ritual, comunidad y sentido de pertenencia
Para la socióloga, el fenómeno fan y sentido de pertenencia social cumple una función clave: reconstruir comunidad en un mundo fragmentado.
Los conciertos, los estrenos de películas, los partidos de fútbol o las convenciones como la Comic-Con funcionan como rituales contemporáneos. En ellos, miles de personas sincronizan emociones, cantan al unísono, visten símbolos comunes y experimentan una sensación de unidad que difícilmente se replica en otros ámbitos.
El ritual fan tiene una dimensión casi sagrada. No en el sentido religioso tradicional, sino como experiencia de trascendencia colectiva. Se produce una fusión emocional donde el individuo se siente parte de algo más grande.
Laura Méndez, socióloga e investigadora en cultura contemporánea
Desde esta perspectiva, el fandom no es superficial; es un espacio de producción de significado. Incluso en universos de ficción como el de Game of Thrones o The Lord of the Rings, las personas encuentran metáforas sobre poder, amistad, traición o resistencia que dialogan con su vida cotidiana.
Identidad y narrativas personales
El Dr. Andrés Salvatierra aporta una mirada complementaria desde la psicoterapia.
Toda identidad se construye a partir de relatos. Nos contamos quiénes somos. Y muchas veces esos relatos se apoyan en historias externas: canciones, personajes, equipos, sagas. El fan toma elementos culturales y los integra en su autobiografía.
Andrés Salvatierra, psicoterapeuta y especialista en salud mental e identidad cultural
Según el especialista, durante la adolescencia y la juventud, etapas clave en la formación del yo, el fandom en la construcción de la identidad juvenil puede funcionar como un andamio identitario.
Un joven que atraviesa una etapa de aislamiento puede sentirse comprendido a través de las letras de Billie Eilish. Alguien que experimenta discriminación puede encontrar en ciertos discursos del K-pop o del hip hop un mensaje de resistencia y autoafirmación.
Cuando una persona dice “esta canción me salvó” no está hablando en sentido literal. Está describiendo un proceso psíquico: identificarse con una narrativa que valida su experiencia emocional
Andrés Salvatierra, psicoterapeuta y especialista en salud mental e identidad cultural
Beneficios para la salud mental
Desde la psicoterapia, el fenómeno fan y salud mental puede tener múltiples beneficios:
Regulación emocional
La música, el cine o el deporte funcionan como canales de descarga afectiva. Cantar en un concierto, llorar con una película o celebrar un gol permite expresar emociones que, de otro modo, quedarían reprimidas.
Sentido de pertenencia
La soledad es uno de los grandes problemas de salud mental contemporánea. Integrarse a una comunidad fan, ya sea presencial o digital reduce la sensación de aislamiento.
{{RELATED_2}}
Construcción de autoestima
Ser parte de un fandom implica reconocimiento. Compartir teorías, crear contenido, asistir a eventos o defender a un artista fortalece la percepción de agencia y competencia.
Espacio seguro de exploración identitaria
Para muchas personas LGBTIQ+, por ejemplo, ciertos fandoms han sido espacios de validación y experimentación simbólica, especialmente en comunidades alrededor de series o artistas con discursos inclusivos.
Salvatierra subraya que "cuando el fandom es vivido como una experiencia enriquecedora y no excluyente, puede ser un factor protector frente a la depresión y la ansiedad".
¿Cuándo se convierte en problema?
No obstante, ambos expertos advierten que no todo en el fenómeno fan es positivo.
Méndez señala que las comunidades pueden volverse excluyentes, intolerantes o polarizadas. En redes sociales, los conflictos entre fandoms pueden escalar hacia el acoso digital.
El mismo mecanismo que genera cohesión interna puede generar hostilidad externa. El “nosotros” necesita un “ellos”. Y ahí aparecen dinámicas de confrontación.
Laura Méndez, socióloga e investigadora en cultura contemporánea
Por su parte, Salvatierra advierte sobre el riesgo de la sobreidentificación.
Cuando la identidad personal se reduce exclusivamente a ser fan, y cualquier crítica al objeto de admiración se vive como un ataque personal, estamos frente a una fragilidad identitaria.
Andrés Salvatierra, psicoterapeuta y especialista en salud mental e identidad cultural
En casos extremos, puede haber dependencia emocional hacia la figura admirada, consumo compulsivo o aislamiento social fuera del fandom.
Sin embargo, el psicoterapeuta aclara que estos casos no representan la norma. "El problema no es ser fan, sino cuando esa identidad sustituye todas las demás dimensiones del yo".
Fandom en la era digital
Las redes sociales han transformado radicalmente el fenómeno fan. Antes, la experiencia estaba mediada por clubes presenciales, revistas o encuentros esporádicos. Hoy, un fan puede interactuar en tiempo real con miles de personas alrededor del mundo.
Plataformas como X, TikTok o Instagram permiten la creación de microcomunidades hiperconectadas. Además, la producción de contenido, fan art, fan fiction, teorías, memes, convierte al fan en creador.
{{RELATED_3}}
Méndez destaca que el fandom contemporáneo es participativo. No se limita al consumo pasivo; implica producción cultural.
En este sentido, los fans del universo de Marvel Cinematic Universe no solo ven películas: construyen teorías, editan videos, escriben historias alternativas. La frontera entre productor y consumidor se diluye.
Identidad generacional
Ser fan también marca diferencias generacionales. Mientras generaciones anteriores podían identificarse con bandas como The Beatles, hoy las identidades se fragmentan en múltiples microfandoms.
Para la socióloga, esta fragmentación no implica superficialidad, sino diversidad.
Las identidades culturales actuales son más flexibles. Una persona puede ser fan del anime, del fútbol y del activismo ambiental al mismo tiempo. No hay una sola pertenencia dominante.
Laura Méndez, socióloga e investigadora en cultura contemporánea
Esta multiplicidad permite una identidad más compleja, pero también puede generar presión por performar constantemente en redes sociales.
El fan como actor político
Un aspecto interesante es la dimensión política del fandom. Algunas comunidades han demostrado capacidad de movilización social y económica.
Los fandoms organizados pueden influir en rankings musicales, tendencias digitales e incluso campañas solidarias. En este sentido, ser fan no es solo un acto cultural, sino también una práctica con impacto social.
"La cultura fan demuestra que la pasión colectiva puede convertirse en acción coordinada", afirma Méndez.
Entre la pasión y el equilibrio
Para cerrar, ambos expertos coinciden en que ser fan es, en esencia, una expresión legítima de la necesidad humana de pertenecer y significar.
Salvatierra resume:
La pregunta no es si está bien o mal ser fan. La pregunta es: ¿qué lugar ocupa en tu vida? Si te conecta con otros, te inspira y amplía tu mundo, es saludable. Si te aísla y reduce tu identidad, conviene revisarlo.
Andrés Salvatierra, psicoterapeuta y especialista en salud mental e identidad cultural
Méndez añade:
Desestimar el fandom como algo trivial es no entender la cultura contemporánea. Hoy, gran parte de la identidad se negocia en esos espacios simbólicos.
Laura Méndez, socióloga e investigadora en cultura contemporánea
Ser fan como espejo del presente
En un mundo atravesado por la incertidumbre, la hiperconectividad y la fragmentación social, el fandom emerge como un refugio, un escenario de encuentro y una plataforma de expresión.
Ser fan como identidad cultural en la era digital es adoptar una narrativa compartida. Es cantar una canción que miles sienten como propia. Es esperar el estreno de una película como si fuera un acontecimiento colectivo. Es emocionarse con personas que, aunque desconocidas, vibran en la misma frecuencia.
Más que una moda pasajera, el fenómeno fan como forma de identidad y comunidad es un laboratorio donde se ensayan nuevas formas de comunidad, identidad y afecto.
Lejos de la caricatura del fanático irracional, el fan contemporáneo es un sujeto cultural activo, creativo y profundamente humano. En su pasión se refleja algo esencial: la necesidad de contar historias juntos para entender quiénes somos.
