Brasil ya no solo vende: así le compite la liga carioca a Europa por estrellas
Un fútbol acostumbrado a formar figuras ahora las compra. Inversión privada, televisión y gestión impulsan el poder económico brasileño.

El 9 de enero de 2026, Cruzeiro oficializó la compra de Gerson, mediocampista que militaba en la AS Roma, en el que se convirtió, para ese momento, en el fichaje más caro en la historia del Brasileirão: 27 millones de euros.
Sin embargo, 21 días después, el 30 de enero, Flamengo rompió ese récord y compró a Lucas Paquetá por un valor antes inimaginable para la liga carioca: el Mengão pagó 42 millones de euros para contar con los servicios del experimentado futbolista.
Esos dos movimientos, realizados en menos de un mes, marcaron un punto de inflexión significativo. En un continente históricamente acostumbrado a exportar talento hacia Europa, Brasil confirmó que puede invertir como nunca antes y atraer futbolistas con experiencia internacional, convirtiéndose en un destino competitivo dentro del mercado global.
Las cifras respaldan esa percepción y solo hay que ver el balance de la temporada 25/26: los clubes brasileños registraron ingresos superiores a 580 millones de euros y gastos de más de 440 millones, para ganancias superiores a 140 millones de euros. Brasil continúa vendiendo, sí; pero ahora también compra fuerte y caro.
Para entender esta transformación, Minuto60 consultó a Marcos Watts, gerente de área de Transfermarkt en Brasil y experto en el balompié carioca, quien sostiene que el cambio no es coyuntural, sino estructural.
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De exportador dominante a comprador estratégico
El contraste se aprecia con claridad al revisar los fichajes más caros de distintas temporadas. Hace cinco años, la compra más elevada del Brasileirão fue la de Pedro por 14 millones de euros. Detrás aparecieron cifras mucho más moderadas: Praxedes (6 millones), Zaracho (5 millones) y Rigoni (3,8 millones).
Hoy, en la temporada 25/26, el panorama es radicalmente distinto. A Paquetá y Gerson se suman las compras de Jhon Arias (25 millones), Danilo (23 millones) y Andreas Pereira (18 millones), que reflejan un músculo financiero antes inalcanzable para el mercado sudamericano.
Ese salto no implica que Brasil haya dejado de exportar talento. De hecho, su rol histórico se mantiene. “Brasil siempre ha sido el mayor exportador de talento del mundo, y eso no ha cambiado”, explicó Watts.
La diferencia es que el comportamiento cambió. Según el analista, los clubes brasileños dejaron de actuar como vendedores obligados y comenzaron a comportarse como operadores estratégicos del mercado de fichajes a nivel global.
Diría que se trata de un cambio real de jerarquía.
Marcos Watts
El especialista explica que Brasil se convirtió en un destino creíble para futbolistas de ligas europeas de segundo nivel. La realidad es que no reemplaza a la élite europea, pero sí compite en un segundo escalón del mercado internacional, con ligas como la portuguesa o la neerlandesa.
El cambio que vemos no es que Brasil reemplace a Europa en la cima, sino que fortalece su posición dentro del segundo nivel del mercado global, al menos en el futuro previsible.
Marcos Watts
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El punto de quiebre: 2019–2021
Para Watts, no existe una fecha exacta, pero sí un periodo clave. “Diría que el punto de inflexión estructural ocurrió entre 2019 y 2021”, aseguró.
Ese momento coincide con varios factores convergentes. El primero fue el aumento de ingresos por derechos de televisión y premios deportivos. La Copa Libertadores duplicó el dinero otorgado al campeón entre 2019 y 2025, mientras que el Brasileirão y la Copa do Brasil también incrementaron significativamente sus recompensas.
El segundo elemento fue la implementación de las Sociedades Anónimas del Fútbol (SAF) en 2021, que permitió atraer inversión privada y profesionalizar la gestión.
El marco de las SAF funciona como una capa adicional, porque crea credibilidad de gobernanza.
Marcos Watts
La nueva estructura facilitó separar deudas históricas de la operación deportiva y otorgó mayor confianza a inversionistas. Sin embargo, Watts aclara que no se trata de una fórmula automática de éxito, sino de un componente dentro de una estructura más amplia.
“La tarifa media pagada por jugadores que salen de clubes brasileños también ha aumentado significativamente: pasó de 4,7 millones de euros en transferencias con monto registrado en Transfermarkt en 2019 a 5,8 millones en 2025”, aseguró.
A ello se suma el tamaño del mercado interno, ya que Brasil cuenta con más de 200 millones de habitantes y es un país donde el fútbol es el principal producto cultural de entretenimiento. Esa escala, combinada con mejores prácticas administrativas, elevó el techo de ingresos del fútbol brasileño.
Más que movimientos aislados, se trata de una combinación de éxitos recientes con mejor gestión y financiación.
Marcos Watts
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Consecuencias para la región
Pero el crecimiento brasileño no ocurre en aislamiento; tiene efectos directos sobre las ligas vecinas, especialmente en términos de precios y retención de talento.
Los clubes brasileños ahora actúan como fijadores regionales de precios.
Marcos Watts
Cuando un futbolista destaca en Argentina o Colombia, Brasil suele convertirse en el primer comprador serio. Esto eleva las cifras de transferencia y reduce la capacidad de retención de los clubes vecinos, que ahora no solo compiten con Europa, sino también dentro del propio continente.
En el caso de la Liga BetPlay, algunos de los ejemplos más recientes han sido Kevin Viveros, Marino Hinestroza o Jordan Barrera. Los tres jugadores, que militaban en equipos del FPC, fueron comprados por equipos brasileños por valores que promedian los 4 millones de euros.
Además, las cifras continentales reflejan esa tendencia. En la última década, los clubes brasileños han ganado 8 de las últimas diez Copas Libertadores; y para Watts, la explicación es estructural.
Cuando un solo país combina plantillas más ricas y estabilidad organizativa, la probabilidad empieza a inclinarse a su favor.
Marcos Watts
Si la brecha económica continúa ampliándose, Brasil se convertirá en el favorito estadístico en la mayoría de los cruces continentales; y para ligas como la colombiana, el desafío es evidente: competir financieramente resulta cada vez más complejo y, a nivel de juego, la brecha también se abre.
Así, el Brasileirão, históricamente identificado como la mayor cantera del mundo, ahora es también el centro económico del fútbol sudamericano. No abandonó su papel de exportador; lo potenció; pero al mismo tiempo añadió una nueva dimensión: comprar, retener y atraer talento internacional.
El mercado mundial, entonces, ya no gira únicamente en torno a Europa. En Sudamérica, el eje financiero y competitivo tiene hoy un epicentro claro: Brasil.
Por la intensidad y visibilidad de la liga, también emerge como plataforma de rehabilitación para jugadores que necesitan reconstruir su reputación bajo presión competitiva real.
Marcos Watts
