“Vergüenza”, “caos” y “escándalo”: Colombia, en ridículo por el vandalismo de hinchas del DIM
La prensa del continente condenó los actos repudiables de los seguidores del Medellín en la Copa Libertadores.

La suspensión del partido entre Independiente Medellín y Flamengo de la Copa Libertadores no solo generó consecuencias deportivas y disciplinarias para el club colombiano, sino que provocó una ola de reacciones contundentes en Brasil y en distintos medios suramericanos, donde las escenas de violencia, bengalas, lanzamiento de objetos y caos en el Atanasio Girardot fueron retratadas como uno de los episodios más vergonzosos del torneo continental en lo que va de la temporada.
El compromiso, detenido apenas a los tres minutos de iniciado por la protesta de sectores radicales de la hinchada del DIM contra la dirigencia de Raúl Giraldo, tuvo repercusión inmediata en gigantes mediáticos brasileños, que siguieron con detalle cómo el campeón defensor de la Libertadores quedó atrapado en medio de un escenario de descontrol absoluto.
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El partido fue suspendido por disturbios de la afición local tras bengalas y objetos lanzados al campo, mientras desde Flamengo la postura fue inmediata: el director deportivo José Boto dejó claro que el club espera los tres puntos por reglamento ante la incapacidad del local para garantizar seguridad.
Rechazo en Brasil
En Brasil, varios portales calificaron el episodio como una “noche de horror” y un “escándalo internacional”. Medios deportivos destacaron especialmente que Flamengo, uno de los clubes más poderosos del continente y vigente referente del fútbol sudamericano, se vio obligado a refugiarse en vestuarios mientras el estadio era evacuado por razones de seguridad.
“Independiente Medellín atraviesa un período turbulento y, como resultado, ha sido blanco de protestas de la afición local. Incluso antes de que rodara el balón, el equipo colombiano fue abucheada. En un ambiente hostil, los miembros de los grupos organizados del DIM acudieron al partido vestidos de negro y con el rostro cubierto. Justo cuando el balón estaba a punto de rodar, comenzaron a lanzar bombas y bengalas hacia el campo. También hubo un incendio en las gradas de Atanasio Girardot”, reseñó en su nota el portal O’Globo, uno de los más importantes de Brasil y del continente.
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La prensa brasileña remarcó que el duelo, clave para el Grupo A, pasó de ser una cita futbolística de alto nivel a una demostración de colapso institucional, con énfasis en que el caos no fue producto de una rivalidad con el rival visitante, sino de una protesta interna de la propia hinchada del Medellín.
“Como el ambiente tenso no sorprendió a la organización local, se colocaron barandillas alrededor del campo. Aficionados independientes de Medellín, que habían estado organizando abiertamente la protesta en las redes sociales, invadieron el campo y comenzaron a lanzar estas vallas”, se añadió.
Rechazo del mundo
La reacción suramericana tampoco fue indulgente. Desde España, AS describió que los ultras “desataron el caos” y subrayó que existía incluso premeditación en sectores radicales para provocar sanciones fuertes contra la institución como forma de presión contra la dirigencia.
“Los ultras de Independiente de Medellín se convirtieron en los protagonistas de la noche en un duelo que se preveía magnífico ante Flamengo. Intentaron asaltar la cancha y lanzaron fuegos artificiales contra el terreno de juego. El espectáculo se convirtió en caos cuando ese grupo de aficionados lanzó pirotecnia contra la cancha cuando tan sólo se habían disputado dos minutos de partido para obligar a la suspensión del partido. Un acto premeditado para castigar al club por sus últimos malos resultados y la actitud del mandatorio Raúl Giraldo”, escribió el periodista Juan Lopesino, de As España.
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Medios internacionales coincidieron en destacar que la violencia trascendió la protesta simbólica para convertirse en vandalismo abierto, con daños estructurales en el estadio y escenas que continuaron incluso fuera del escenario deportivo. La narrativa internacional se centró en una palabra repetida: vergüenza. Para buena parte de la cobertura, el Atanasio pasó de ser una plaza histórica del continente a convertirse por una noche en símbolo de descontrol.
“Este episodio deja una mancha profunda en el fútbol antioqueño y pone al Poderoso de la Montaña en su crisis institucional más severa de la última década. El caso ahora está en manos de los jueces de la Conmebol en Paraguay”, publicó el diario Marca, de España.
