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Los feroces cambios que pueden enfrentar los astronautas de Artemis II tras retornar a la Tierra

Un análisis de la Universidad Nacional de Colombia permitió entender los cambios físicos a los que estuvieron expuestos.

Christina Koch, primera mujer en orbitar la Luna. - Crédito: Foto: AFP
Felipe Villamizar M.
Felipe Villamizar M.Periodista
11 ABR 2026 - 12:18Actualizado: 11 ABR 2026 - 18:22

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La misión Artemis II no solo representó un avance tecnológico en la exploración espacial, sino también un desafío fisiológico para el cuerpo humano. Tras el regreso de la tripulación a la Tierra, un análisis de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) permitió entender los cambios físicos a los que estuvieron expuestos los astronautas durante su paso por el espacio.

Según explicó Cristian Camilo Muñoz, médico residente en medicina aeroespacial de la UNAL, uno de los principales efectos estuvo relacionado con la pérdida de masa muscular y la disminución de la densidad ósea. “Se afectaron la masa muscular y la densidad ósea”, señaló el especialista, al referirse a las consecuencias de la exposición a la microgravedad.

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Microgravedad: el origen de los cambios en el organismo durante la misión

En condiciones normales en la Tierra, el cuerpo humano trabaja constantemente contra la gravedad, lo que mantiene activos músculos y huesos. Sin embargo, durante la misión, esa resistencia desapareció, lo que generó un proceso de desacondicionamiento físico.

De acuerdo con la UNAL, este fenómeno provocó que los músculos se debilitaran progresivamente, mientras que los huesos perdieran densidad, aumentando el riesgo de afectaciones físicas. Este proceso comenzó en los primeros días en órbita y se acentuó con el paso del tiempo.

“En el espacio, los líquidos pueden acumularse en el tórax y la cabeza, lo que da la sensación de tener la cara hinchada y las piernas más delgadas. El cuerpo interpreta esta acumulación como si hubiera demasiada agua, y responde eliminando líquidos a través de la orina. Por eso, los astronautas pueden deshidratarse y hasta perder las ganas de beber”, añadió el médico Muñoz.

Redistribución de líquidos y efectos en el sistema cardiovascular

Otro de los cambios documentados fue la redistribución de los fluidos corporales. En el espacio, los líquidos se desplazaron hacia la parte superior del cuerpo, lo que generó hinchazón facial y presión en la cabeza.

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Este fenómeno también tuvo impacto en el sistema cardiovascular, que debió adaptarse a nuevas condiciones de circulación. Según los expertos, el corazón experimentó cambios en su funcionamiento debido a la menor exigencia para bombear sangre en ausencia de gravedad.

“Quienes pasan más tiempo tienden a adaptarse, pero esto es contraproducente: su masa ósea, musculatura y riesgo de problemas psiquiátricos aumentan. El aislamiento en espacios reducidos, a veces de apenas tres por tres metros, también puede afectar su comportamiento y generar estrés”, añadió.

La reentrada: el momento de mayor exigencia física

Además de los efectos acumulados en el espacio, la fase de reentrada a la atmósfera terrestre fue uno de los momentos más críticos para el cuerpo humano. Durante este proceso, los astronautas estuvieron expuestos a fuerzas G que generaron una presión significativa sobre el organismo.

En ese contexto, el cuerpo tuvo que readaptarse rápidamente a la gravedad terrestre tras haber estado en un entorno de microgravedad, lo que generó mareos, desorientación y dificultades para mantenerse en pie tras el aterrizaje.

Adaptación tras el regreso a la Tierra

La UNAL señaló que el regreso implicó un proceso de readaptación que podría extenderse durante días o semanas. Los astronautas debieron iniciar programas de rehabilitación para recuperar la fuerza muscular, la densidad ósea y el equilibrio corporal.

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El análisis destacó que estos efectos hicieron parte de los desafíos médicos de la misión y que requirieron preparación previa, seguimiento durante el vuelo y tratamiento posterior.

En ese sentido, los expertos subrayaron que comprender cómo respondió el cuerpo humano en el espacio resulta fundamental para el desarrollo de futuras misiones de larga duración, como aquellas que buscan llevar astronautas nuevamente a la Luna o avanzar en la exploración de Marte.

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