El COI también impone acoso: las incómodas pruebas a las mujeres deportistas
El organismo se va de frente contra la inclusión y reglamentó nuevas normas para lo que viene.

La decisión del Comité Olímpico Internacional (COI) de establecer nuevas condiciones de elegibilidad para las competencias femeninas en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles del 2028 ha provocado una reacción inmediata a nivel mundial, al introducir un criterio biológico obligatorio que redefine quién puede competir en estas pruebas.
La medida plantea que solo podrán participar en la categoría femenina aquellas atletas que cumplan con parámetros biológicos específicos, lo que implica un giro significativo frente a políticas anteriores más flexibles y abre un debate profundo sobre los límites entre inclusión, ciencia y equidad deportiva en el alto rendimiento.
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Las pruebas del COI
“La responsabilidad de organizar los test recaerá sobre las federaciones internacionales y en las instituciones deportivas nacionales. Estas pruebas se harán mediante un test de saliva, un raspado bucal o una muestra de sangre y deberán ser realizadas "una única vez en la vida del deportista", aseguró en un comunicado el COI.
El eje central de la normativa está en la implementación de pruebas biológicas destinadas a verificar características genéticas vinculadas al sexo, particularmente la detección de marcadores asociados al cromosoma Y, como el gen SRY, mediante análisis de sangre o saliva.
Bajo este esquema, las deportistas que presenten estos indicadores no podrán competir en la categoría femenina, independientemente de otros factores como procesos de transición o tratamientos hormonales, lo que convierte esta política en una de las más estrictas adoptadas hasta ahora en el ámbito olímpico. La decisión busca establecer un estándar uniforme que elimine la discrecionalidad que hasta ahora tenían las federaciones internacionales en cada disciplina.
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“El COI considera que la presencia del gen SRY es fija a lo largo de la vida y constituye una prueba altamente precisa de que un atleta ha experimentado un desarrollo sexual masculino”, añadió.
🏳️⚧️ | AHORA: El Comité Olímpico Internacional anuncia que las mujeres trans quedan excluidas de participar en disciplinas femeninas. pic.twitter.com/D12nlJ88da
— Alerta News 24 (@AlertaNews24) March 26, 2026
Las implicaciones de las pruebas del COI
En la práctica, esta determinación impacta directamente la participación de atletas transgénero en el deporte femenino olímpico, al cerrarles la posibilidad de competir en esa categoría bajo los nuevos criterios definidos por el organismo rector del olimpismo. Aunque el COI ha señalado que estas deportistas podrían participar en categorías masculinas o en eventuales divisiones mixtas, la medida ha sido interpretada por distintos sectores como una exclusión directa, lo que ha intensificado las críticas y ha reactivado un debate que combina elementos científicos, legales y sociales. La discusión no es nueva, pero sí adquiere una dimensión distinta al tratarse de una política global y obligatoria para todos los deportes olímpicos.
Desde el organismo, la defensa de la medida se ha centrado en la necesidad de garantizar condiciones de equidad en la competencia femenina, bajo el argumento de que existen diferencias biológicas que pueden traducirse en ventajas deportivas en escenarios de alto nivel. Según esta postura, el objetivo no es discriminar, sino proteger una categoría que históricamente ha buscado equilibrar condiciones entre sus participantes. Sin embargo, esta explicación no ha logrado disipar la controversia, ya que múltiples voces han cuestionado tanto la base científica absoluta de estos criterios como las implicaciones éticas de su aplicación en atletas que cumplen con procesos legales y médicos reconocidos en distintos países.
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“La política que hemos anunciado se basa en la ciencia y ha sido elaborada por expertos médicos. Esta norma protege la equidad, la seguridad y la integridad en la categoría femenina”, concluyó.
El impacto de esta decisión trasciende el ámbito de los Juegos Olímpicos de 2028 y se proyecta como un precedente que podría redefinir las reglas del deporte mundial en los próximos años.
