Las otras heridas del terremoto en Colombia: patrimonio, iglesias y tradiciones afectadas
El terremoto no solo dejó daños materiales: también afectó centros históricos, iglesias, tradiciones y el Paisaje Cultural Cafetero.

El terremoto de magnitud 7,4 registrado el pasado 10 de agosto en San José del Palmar, Chocó, dejó una huella que va mucho más allá de las viviendas destruidas, las vías bloqueadas y las familias damnificadas. A medida que disminuye la atención sobre la emergencia inmediata, comienzan a aparecer otras dimensiones de una tragedia que también golpeó la memoria, la cultura y las tradiciones de varias regiones del país.
El Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes presentó el primer balance sobre las afectaciones al patrimonio cultural y encontró daños en bienes de interés cultural, centros históricos, espacios religiosos y manifestaciones del patrimonio inmaterial.
El reporte, con información preliminar con corte al 14 de agosto de 2026, identificó 40 Bienes de Interés Cultural del Ámbito Nacional afectados en Antioquia, Cauca, Chocó, Caldas, Risaralda, Quindío y Valle del Cauca.
De ellos, 22 presentan afectación alta, 13 media y cinco baja, lo que evidencia que las consecuencias del terremoto también alcanzaron edificaciones que representan parte de la historia arquitectónica y cultural de las comunidades.

El terremoto también dejó afectaciones en el patrimonio cultural de Colombia. Tomada de redes sociales
¿Qué pasó con los bienes patrimoniales?
Entre los inmuebles afectados aparece la Estación de El Limón, en Cisneros, una construcción vinculada a la historia ferroviaria de Antioquia. Su afectación hace parte de un panorama más amplio en el que edificaciones antiguas quedaron expuestas a daños que ahora deberán ser evaluados para determinar las obras necesarias de recuperación.
El Ministerio también estableció que 12 de los 15 centros históricos ubicados en el área afectada por el terremoto presentan algún tipo de daño.
La lista incluye el Centro Histórico de Abejorral, el conjunto de la Plaza Principal de Jardín, el Centro Histórico de Jericó y el Sector Antiguo de Santa Fe de Antioquia, en Antioquia.
También resultaron afectados el Sector Antiguo de Popayán; conjuntos urbanos de Manizales, Aguadas y Salamina, en Caldas; y los sectores antiguos de Buga, Cali, Cartago y El Cerrito, en el Valle del Cauca.
Esto significa que el terremoto no solo alteró estructuras físicas, sino espacios que concentran memoria colectiva, actividades económicas, religiosas y culturales desarrolladas durante décadas o incluso siglos.
Las iglesias también resultaron afectadas
Otro de los impactos identificados corresponde a 84 bienes muebles e inmuebles con valores patrimoniales que no cuentan con declaratoria oficial. Dentro de este grupo hay 39 espacios religiosos, entre templos e iglesias ubicados en nueve departamentos.
Entre ellos se encuentra la Iglesia de La Merced, en Cali, además de edificaciones religiosas localizadas en Antioquia, Caldas, Cauca, Cundinamarca, Norte de Santander, Quindío, Risaralda, Tolima y Valle del Cauca.
El impacto sobre estos lugares adquiere una dimensión adicional porque muchos funcionan como puntos de encuentro de las comunidades. Allí no solamente se desarrollan ceremonias religiosas: también se conservan imágenes, objetos, archivos, tradiciones y prácticas transmitidas entre generaciones.
Por eso, la reconstrucción no puede limitarse a levantar nuevamente una pared o reparar una cubierta. En algunos casos será necesario recuperar elementos que hacen parte de la memoria de las comunidades.
El terremoto también golpeó tradiciones
El balance del Ministerio incluye otro nivel de afectación que puede ser menos visible, pero que resulta fundamental: el patrimonio cultural inmaterial. La entidad identificó ocho manifestaciones afectadas. Entre ellas están los portadores de viche, la tradición de las macetas de alfeñique de Cali, los gualíes, alabaos y levantamientos de tumbas, y los saberes asociados a la partería afro del Pacífico.
También aparecen el complejo musical-dancístico de la salsa caleña, las cocinas tradicionales, los conocimientos relacionados con la pesca artesanal en el río Magdalena y el Carnaval de Riosucio, en Caldas.
Estas expresiones no dependen únicamente de edificios. Están relacionadas con personas, comunidades, conocimientos y prácticas que pueden quedar interrumpidas cuando una emergencia destruye viviendas, espacios de encuentro, herramientas de trabajo o fuentes de sustento.
¿Qué pasa con el Paisaje Cultural Cafetero?
Uno de los casos que concentra especial atención es el Paisaje Cultural Cafetero, reconocido como Patrimonio Mundial de la Unesco y Patrimonio Cultural de la Nación, que comprende áreas de 51 municipios.
Según el balance, la emergencia produjo daños graves en más del 60 % de los centros urbanos y afectaciones de hasta el 80 % en municipios cercanos al epicentro, entre ellos Sevilla, El Cairo y El Águila. A esto se suman viviendas destruidas, vías bloqueadas y cortes de servicios básicos en zonas rurales.
El escenario plantea un desafío que va más allá de reparar construcciones: se trata de proteger un territorio en el que arquitectura, paisaje, agricultura, formas de vida y tradiciones hacen parte de un mismo patrimonio.
Ahora comienza una segunda etapa de la emergencia: la reconstrucción. El Ministerio informó que trabaja en la consolidación de una Red de Profesionales y en una metodología para reparar y reconstruir los sitios afectados. Además, la Dirección de Patrimonio y Memoria expedirá una resolución para agilizar las intervenciones mediante reparación locativa.
“Se viene otra etapa que es muy difícil, que es la de la reconstrucción”, señaló la ministra de Cultura, Paola Holguín, quien también expresó solidaridad con las víctimas, damnificados, artistas, artesanos y creadores afectados.
La dimensión de la tragedia, por tanto, seguirá apareciendo con el paso de los días. Después de atender a quienes necesitan ayuda inmediata, reconstruir viviendas y restablecer servicios, Colombia tendrá que enfrentar otra pregunta: cómo recuperar aquello que no siempre puede reconstruirse con ladrillos, cemento o maquinaria, porque también representa la memoria y la identidad de sus comunidades.
