Entrevista | Incendios en Tolima: En Colombia aun falta camino en prevención y manejo del fuego
¿Por qué, si sabemos dónde y cuándo ocurren los incendios, Colombia sigue llegando cuando el fuego ya comenzó?

El departamento del Tolima amaneció este viernes 21 de agosto con 22 puntos de conflagración activos en 14 municipios. Mientras las autoridades intentan atender la emergencia, es fundamental entender por qué, aunque conocemos las épocas en que son más comunes, el estado llega tarde. Minuto60 conversó con Ángela Parrado Rosselli, profesora de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y experta en incendios. Recientemente recibió una condecoración por su aporte al estudio del fuego en el país. Para la investigadora es clave que el país migre de la atención a la prevención de incendios.
Minuto60: ¿Qué está pasando en el Tolima y qué tan común es que esto ocurra en esa zona del país?
Ángela Parrado: Esta es la época seca en toda la zona de los valles interandinos, tanto en el valle del Magdalena como en el valle del río Cauca. La cuenca alta de esos ríos —los departamentos de Huila, Tolima, Valle del Cauca y Cauca— se pone muy seca en esta temporada. Esa zona corresponde además a la distribución del bosque seco tropical, un ecosistema muy importante y muy asociado a actividades de ganadería y agricultura.
Al ser época seca, en estos bosques cae hojarasca que se va acumulando como combustible. A eso se suma que, para alimentar el ganado, en muchas de estas zonas se introdujeron pastos provenientes de ecosistemas que se queman, como las sabanas africanas. Con el verano, las condiciones climáticas y meteorológicas, y una fuente de ignición, se tiene todo listo para el incendio perfecto.
Esta época siempre trae incendios en esas zonas del país, algunos con una recurrencia y una frecuencia que no deberían darse. Por ejemplo, estudios que tenemos muestran que los municipios que se están quemando hoy se queman todos los años. Es decir, es esperable que esto ocurra —quizás no en esta magnitud—, pero el cambio climático hizo que la estación seca empezara antes, y eso permitió que se acumulara mucho más combustible.
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"Hay que migrar hacia la prevención"
Minuto60: ¿Colombia se prepara para atender esos incendios o, aunque sean recurrentes, siempre nos toman por sorpresa?
Ángela Parrado: Sí y no. Lo primero es que esta es la estación de fuegos normal en esas zonas del país; en el resto del país, no lo es.
Creo que la atención hacia esas zonas en esta época es relativamente reciente. Si uno mira los registros del IDEAM sobre las épocas secas, estas normalmente ocurrían en diciembre, enero y febrero, que es cuando todo el mundo entra en alarma. Solo en los últimos 10 o 15 años el país ha tenido claro que, en los valles interandinos, esta también es la estación de incendios.
Sin embargo, que un mismo sitio se queme cada cuatro o cinco años está mal. Es un error que no debería ocurrir en la naturaleza.
Algo que ha pasado en Colombia —y que también ocurre en otros países del mundo, y que estamos empezando a cambiar— es que hace falta migrar mucho más hacia la prevención. Este país ha basado su política en la supresión: apagar el incendio, llegar al desastre y combatirlo ahí. Pero el mundo se ha dado cuenta de que la supresión sola no funciona. Llenar aviones que botan agua es costoso, y muchas veces no hay los recursos. Además, son zonas de difícil acceso que ni siquiera cuentan con buenos carros de bomberos.
Por eso, basar toda la estrategia en la supresión tiene que cambiar. En España también es claro que hay que avanzar hacia la gestión forestal: un mejor manejo de los combustibles, prepararse antes de la época seca, tener mapas de combustibles y disminuir las zonas de riesgo. Las transiciones entre el sistema productivo y el bosque son altamente inflamables, y es justamente ahí donde debe concentrarse la gestión, más allá de la prevención de último momento, dos semanas antes de que llegue la temporada seca.
Sin duda hay que controlar las fuentes de ignición —que no son solo la cerilla o el vidrio, sino también las redes eléctricas, entre otras—, pero hay que empezar a gestionar desde el combustible: desde el bosque y las mezclas de vegetación, que son finalmente lo que permite que un incendio se sostenga en un territorio.
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Minuto60: Desde esa perspectiva, ¿cuál debería ser el rol de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo y su articulación con las autoridades locales?
Ángela Parrado: La Unidad de Gestión del Riesgo viene trabajando de manera juiciosa en construir esa mirada, que se conoce como manejo integral del fuego, y es importante que continúe.
Se trata de dejar de ver el problema solo como algo que hay que suprimir y apagar, para entender más bien las relaciones entre los combustibles, los bosques, los ecosistemas y los incendios, así como la relación de las comunidades locales con el fuego —porque la gente lo usa para vivir— sin dejar de lado las estrategias de supresión. La Unidad ha avanzado bastante en esa prevención y en ese entendimiento de los combustibles, pero ahí también deben entrar muchas otras instituciones.
El ordenamiento territorial debe pensarse en función del fuego, tal como se piensa en función del agua. En los sitios susceptibles hay que gestionar el territorio para que los paisajes sean menos inflamables.
Por ejemplo, hay gente que se va a vivir en medio de zonas con bosques inflamables. Ahí hace falta generar franjas de protección, diseñar paisajes que interrumpan la continuidad del combustible y elaborar mapas de combustible. En eso debe haber una alianza: se ha hablado de empezar a construir esos mapas a nivel local y nacional, pero eso requiere la articulación de la academia, la investigación, el IDEAM, la misma Unidad, los territorios locales, las CAR y los propios bomberos.

Ángela Parrado Rosselli: Profesora Universidad Distrital Francisco José de Caldas Foto: Archivo personal
"Desde la ciudad, nos alejamos del fuego"
Minuto60: Usted ha planteado que deberíamos cambiar nuestra relación con el fuego. ¿Por qué?
Ángela Parrado: Sí, hay que hacer ciertos cambios. Creo que nuestras percepciones alrededor del fuego dependen mucho de cómo vivimos y de nuestra mirada del mundo. Desde la ciudad, donde nos alejamos del fuego y cocinamos con una estufa que simplemente encendemos, sin saber de dónde viene la luz o el gas, el fuego ya casi no se usa. Ahí lo vemos claramente como un demonio, porque destruye bienes e infraestructura.
En el campo la dinámica es otra. Con el fuego se preparan los suelos, se deshierba, se queman las basuras. Creo que buena parte de estos incendios se origina en quemas de basura, porque a mucha gente no le llega ese servicio, y es difícil pasar dos meses sin quemarla.
De todas formas, en algunos ecosistemas —no en todos— se ha documentado que entre el 50 y el 60 por ciento tienen una relación directa con el fuego, que hace parte de su dinámica natural.
El ser humano también lo ha incorporado desde hace miles de años: cocinamos con fuego, lo usamos en los sistemas de cultivo. En la Amazonía, por ejemplo, hay registros de uso del fuego en las chacras que datan de hace 12.000 años. El fuego forma parte de una dinámica socioecosistémica desde hace mucho tiempo. Pero en el siglo XX, al alejarnos hacia casas y apartamentos confortables con luz eléctrica, se nos olvidó esa relación y terminamos construyendo la idea de que el fuego es solo un gran demonio que destruye.
Sin duda hay que empezar a cambiar esa mirada. Entiendo que es difícil y que no ocurre de la noche a la mañana, pero hay que esforzarse por entender mejor —no solo condenar— por qué la gente utiliza el fuego, y cómo mejorar esa relación.
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Minuto60: Usted mencionaba que Colombia está lejos de otros países en el manejo de los incendios. ¿Qué nos falta?
Ángela Parrado: Estamos lejísimos.
En España, por ejemplo, los mismos expertos forestales y quienes trabajan en el manejo de incendios reconocen que buena parte de los grandes incendios se debe a la falta de gestión forestal. Dicen que les falta gestionar bien cerca del 60 por ciento del país para manejar esos combustibles y esas continuidades de vegetación. Porque no se trata de que los incendios dejen de ocurrir, sino de que ocurran en una magnitud mucho menor: si hay menos combustible en las zonas de riesgo cercanas a comunidades humanas, el fuego no se propaga ni se sostiene tanto, y si empieza, se puede extinguir rápido.
Otro factor importante son las redes eléctricas y los transformadores sobrecargados. Uno ve las chispas que saltan alrededor de esas infraestructuras, que además suelen estar rodeadas de vegetación y maleza. Esa es una fuente muy importante de incendios, no solo en Colombia: nuestros datos muestran que también lo es en esas zonas del Tolima, y en el mundo, incluyendo Estados Unidos. Hacer gestión forestal alrededor de esa infraestructura es algo que se podría empezar a hacer ya mismo.
En cuanto a lo que se puede hacer a futuro, ha habido proyectos de ley —ojalá algún día prosperen—. Un grupo que trabaja en ecología del fuego ha estado impulsando un proyecto de ley de manejo integral del fuego, que hasta ahora no ha logrado salir adelante; siempre se hunde.
Eso es una tarea de largo plazo, pero es clave para empezar a cambiar la mirada sobre el fuego, y quizás introducir las llamadas quemas prescritas. Ecuador y Brasil ya han avanzado en esa gestión y algo ha empezado a funcionar. Nosotros vamos en ese camino: la visión ha cambiado bastante, pero todavía nos faltan años.
