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Así es el Fan Fest del Mundial 2026 en Ciudad de México: pasión, diversión y mucho fútbol

Minuto60 fue hasta el corazón de CDMX para descubrir cómo el balompié convierte a propios y extraños en hermanos.

El Fan Fest se ubica en la Plaza de la Constitución, en el centro de CDMX. - Crédito: AFP
Gustavo Márquez Hernández
Gustavo Márquez HernándezPeriodista
16 JUN 2026 - 14:23Actualizado: 16 JUN 2026 - 16:47

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En una plaza que, fácilmente, puede albergar a tres o cuatro Plazas de Bolívar de Bogotá, Ciudad de México decidió construir el que es el templo de aquellos que no pueden o no tienen para ir al Estadio Azteca a vivir las emociones de este Mundial 2026.

En el Zócalo, como también se le conoce a la Plaza de la Constitución, se alza toda una ciudadela con más de cuatro pantallas de tamaño promedio y una pantalla gigante que frena la visual a la imponente Catedral Metropolitana, uno de los baluartes del centro de la capital manita.

En esos 40.000 m² de espacio, y con una bandera mexicana que se alza a 50 metros de altura, se viven las alegrías y las tristezas, los gritos de gol y de decepción, y la hermandad que solo el fútbol puede generar. Alemanes, mexicanos, colombianos, españoles y hasta suizos comparten este mismo suelo, y Minuto60 también lo hizo.

(Vea también: Crónica | El ‘Padre Nuestro’ a la Selección Colombia que se rezó en la Catedral de México)

¿Cómo es el Fan Fest del Mundial 2026 en CDMX?

Gustavo Márquez, su escritor, y Felipe Villamizar, viajamos hasta el Zócalo sin entender mucho de distancias. Ciudad de México es una mole, casi tres veces más grande que Bogotá, y eso se entiende en los trayectos. Nos demoramos casi una hora desde el lugar en donde nos hospedamos hasta el corazón de la capital y el corazón del fútbol, hoy por hoy; y no por trancones, por la distancia.

Como ocurre con el Estadio Azteca, la Plaza de la Constitución está cerrada por vallas; pero con la diferencia de que sí tiene puntos de acceso para todas las personas. No tiene discriminación de sexo, edad o nacionalidad, y solamente no pueden entrar aquellos que lleven armas (obviamente) o comida (por el negocio de adentro).

Estar en el Zócalo es como estar en la Plaza de Bolívar de Bogotá, solo que lo hace sentir a uno más pequeño de lo que cree que es; o bueno, lo hace sentir como realmente es, un punto en el universo. Sin embargo, en modo Mundial, esa individualidad se transforma en comunidad, y uno empieza a dejarse contagiar por el calor de la pecosa.

Estuvimos allí en pleno partido entre España, favorito a ganar la copa, y Cabo Verde, uno de los debutantes. Cientos de personas sentadas frente a la pantalla gigante gritaban «uyyy» cuando el portero africano hacía salvadas milagrosas y gritaban «ahhhh» cuando los delanteros de Cabo Verde ponían en aprietos a la defensa ibérica.

Al final, el histórico empate 0-0, histórico porque David no venció a Goliat, pero sí logró sacarle dos puntos, armó una fiesta. Hinchas de todas las nacionalidades se aglomeraron en el centro de la Plaza y empezaron a corear el nombre de Cabo Verde. Los españoles, los más decepcionados, hasta sacaban una sonrisa con la escena.

Esas historias de David contra Goliat siempre llenan a los latinoamericanos. Siempre quieren que el pequeño venza al grande, que el que no tiene posibilidades sea el que logre el resultado; y tal vez sea porque nos han metido en la cabeza que las posibilidades en nuestros países son solo para unos pocos y tenemos esa idea de que sin importar nada siempre se puede salir adelante.

(No se pierda: ¿Quién es la periodista colombiana que lloró tras un saludo de Cristiano Ronaldo?)

¿Qué piensan los extranjeron sobre Colombia y la Selección?

Pero no solo fuimos a ver el ambiente, fuimos a hablar con los hinchas, principalmente extranjeros, para conocer qué piensan de nuestra Selección y de nuestra tierra. ¿Saben algo de Colombia? ¿Conocen expresiones? Las respuestas sorprendieron.

Si bien Colombia es un país con una historia marcada por la violencia y el narcotráfico, los últimos años han sido un renacimiento y poco a poco deja atrás esa imagen. Escuchar a extranjeros decir que han visitado Cartagena, Bogotá, Medellín e incluso La Guajira es bonito, y ver cómo les brillan los ojos al hablar de Colombia es casi una experiencia religiosa.

La mayoría confía en nuestra Tricolor, como deberíamos también hacerlo nosotros. Hablan de Luis Díaz como si fuera el mejor jugador del mundo e, incluso, cuando lo comparamos con Vinicius Jr., se atreven a decir que el guajiro es muchísimo mejor, así como a decirle algunos insultos al futbolista brasileño.

Además, guardan en su corazón el gol de James Rodríguez en 2014. Ese que parecía que solo había marcado a 50 millones de colombianos, también marcó a alemanes, españoles y mexicanos, confirmando que el fútbol solo necesita un idioma, el del balón.

La última prueba para nuestros nuevos amigos futboleros fue saber si conocían expresiones colombianas, esas que solamente podemos entender aquellos que nacimos en la tierra de los mares, las montañas, los llanos y la selva. Sorprendentemente, las conocen.

«Qué chimba», «Venga le digo», «Parce» y hasta un «Culicagado», esa expresión que vino de las fincas para quedarse en las ciudades, fueron algunas de las que dijeron. Otros se fueron más por el lado de las groserías, palabras que, según ellos, suenan tan bien que nunca pensarían que son insultos grotescos.

Allí, en ese Zócalo, en esa plancha como le dicen los mexicanos, se vive la fiesta del fútbol, pero también se vive la fiesta de la multiculturalidad, esa misma que la globalización se ha encargado de fortalecer y que, cuando uno viaja al extranjero, se da cuenta de que sí existe. Hasta dije en una tienda de tacos «me regala», como buen bogotano, y no me mentaron la madre.

*Gustavo Márquez, enviado especial de Minuto60 al Mundial.

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