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Violencia vicaria en Colombia: el mal invisible que usa a los hijos para destruir a las madres

Más de 7.000 casos evidencian una forma de violencia de género aún sin reconocimiento claro, que deja profundas secuelas en mujeres y niños.

Violencia vicaria en Colombia: más de 7.000 casos invisibles. - Crédito: Colprensa
María Fernanda Sierra
María Fernanda SierraPeriodista
26 ABR 2026 - 21:45Actualizado: 27 ABR 2026 - 02:45

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En Colombia, hay violencias que no siempre se ven, pero se sienten. La violencia vicaria en Colombia es una de ellas. No suele aparecer de forma clara en las leyes, muchas veces no es reconocida por las instituciones y, en numerosos casos, ni siquiera tiene nombre para quienes la viven. Sin embargo, sus efectos son reales, persistentes y, en ocasiones, devastadores.

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Según cifras de la Fundación Colombiana contra la Violencia Vicaria, en los últimos tres años se han registrado más de 7.000 casos de violencia vicaria en Colombia. Para expertas, esta cifra no refleja la totalidad del problema, sino apenas una parte de una realidad que permanece oculta.

Una historia marcada por el miedo

Detrás de los números hay historias. Una de ellas es la de una mujer que decidió hablar bajo anonimato. Su relato no comienza con golpes evidentes, sino con situaciones que, en su momento, parecían normales.

Recuerda que su expareja tenía comportamientos agresivos con su hijo mayor quien no era hijo biológico de él, pero los disfrazaba de juegos. Había marcas en el cuerpo del niño, pero él insistía en que todo era una exageración.

Con el tiempo, la situación escaló. Lo que antes parecía confuso se convirtió en un patrón: control, manipulación y miedo. Uno de los episodios más impactantes ocurrió durante su embarazo, cuando el hombre utilizó al niño para hacerle creer que estaba en peligro.

Las llamadas fueron insistentes. El menor pedía ayuda y luego colgaba. Todo resultó ser, según el agresor, una “broma”. Para ella, no lo fue. La experiencia le generó ansiedad y una fuerte carga emocional que puso en riesgo su bienestar.

Tras la ruptura, el contacto con el padre del niño continuó. Fue una decisión difícil, motivada en parte por el deseo del menor de mantener el vínculo. Pero ese acercamiento coincidió con cambios en el comportamiento del niño.

El niño comenzó a repetir ideas que no eran suyas. Frases que cuestionaban el amor de su madre. A esto se sumaron episodios de desapariciones temporales y conflictos constantes.

La situación llegó a un punto crítico cuando una denuncia que ella considera falsa derivó en la intervención de las autoridades. Su hijo fue separado de su cuidado durante semanas.

“Tuve que probar todo otra vez”, recuerda. El proceso fue, según su testimonio, revictimizante. Hoy, aunque logró recuperar el vínculo, no tiene la custodia directa. Solo puede verlo cada quince días.

¿Qué es la violencia vicaria?

La violencia vicaria es una forma de violencia de género en la que el agresor utiliza a los hijos u otras personas cercanas como instrumento para causar daño a una mujer.

No se trata de cualquier conflicto familiar. Expertas coinciden en que hay elementos clave que la definen: poder, control y dominio. Generalmente aparece tras una separación, cuando el agresor pierde control directo sobre la mujer y busca recuperarlo a través de terceros.

Esto puede manifestarse de muchas formas: manipulación emocional de los hijos, incumplimiento de acuerdos, denuncias estratégicas o daños directos a los menores.

Aunque afecta profundamente a niñas y niños, su objetivo principal es la mujer.

Fallas institucionales que perpetúan el problema

Uno de los aspectos más críticos es el papel de las instituciones. La violencia vicaria no solo depende del agresor, también se sostiene en fallas del sistema institucional en Colombia.

Entre ellas, la falta de enfoque de género, la demora en los procesos y decisiones judiciales que no priorizan el riesgo. Un problema recurrente es la separación entre la protección de la madre y la del menor.

En muchos casos, se dictan medidas para la mujer, pero no para los hijos. Esta desconexión puede aumentar el riesgo y permitir que la violencia continúe.

El testimonio recogido refleja este patrón. A pesar de contar con denuncias previas y medidas de protección, las decisiones institucionales no evitaron la separación de su hijo.

Un vacío legal en Colombia

Actualmente, la violencia vicaria no está tipificada como delito autónomo en Colombia. Aunque existen normas sobre violencia de género, no hay una figura específica que permita identificar y abordar este fenómeno de manera directa.

Esto obliga a encajar los casos dentro de otras categorías legales, lo que dificulta su tratamiento y visibilización.

En el Congreso han surgido iniciativas para llenar este vacío, como proyectos de ley sobre violencia vicaria en Colombia, que buscan reconocerla explícitamente. Sin embargo, su avance ha sido lento y sin consensos claros.

El debate no es solo jurídico, sino conceptual. Algunas propuestas han sido cuestionadas por diluir el enfoque de género, lo que, según expertas, puede impedir una identificación adecuada de los casos.

Un problema que trasciende fronteras

La violencia vicaria no es exclusiva de Colombia. En países como España o Reino Unido, estudios han identificado patrones similares de violencia vicaria.

Uno de los hallazgos más preocupantes es la desconexión entre la protección de la mujer y la de los hijos. En muchos casos, las advertencias existen, pero no generan acciones efectivas.

Esto revela un problema estructural: los sistemas de protección no responden de forma integral.

Mientras tanto, en Colombia, la violencia vicaria sigue siendo una realidad silenciosa. Una que no siempre se nombra, pero que deja marcas profundas en las víctimas.

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